¡Ay, dueño del alma mía!
Si la estimáis como vuestra,
Maltratadla con amor,
No la matéis con su ausencia.
Si más que a mí no os estimo,
Ruego a Dios que no me vea
En posesión de esos ojos,
Siempre esté en desgracia vuestra.
Selvas, si veis de Blanca la belleza,
Contadle mi firmeza,