—Pues el romance es este, que canté a una guitarra el día del desposorio, más que cantando, llorando.
Ya llego, Cupido, al ara,
Ponme en los ojos el lienzo,
Pues solo por mis desdichas
Ofrezco al cuchillo el cuello.
Ya no tengo más que darte;
Que pues la vida te ofrezco,
Niño cruel, ya conoces
El poco caudal que tengo.
Un cuerpo sin alma doy,