Fría e inmóvil como la estatua de la desesperación, clavó la princesa sus extraviados ojos en Efestión.
—Mira —dijo este aproximándose a su esposa y mostrándole el sangriento despojo—, mira, Hermione, la recompensa que das a los que pretenden servirte con fidelidad —y al pronunciar estas palabras, arrojó la lívida cabeza a los pies de Teane, que cayó al suelo desmayada dando un prolongado grito.
—¡Bárbaro! —exclamó Hermione en el paroxismo del furor más violento—. ¡Execrable verdugo! Aún no lo sabes todo: esa carta no te ha revelado más que una parte muy pequeña de lo que pasa en mi alma. Yo te aborrezco, Efestión, te odio, y para que sea doblado tu tormento, sabe que amo, que adoro al rey Alejandro, aunque nada le digo en este escrito. Mátame ahora —prosiguió la princesa con terrible vehemencia—; mátame, Efestión, porque te juro que trabajaré incesantemente para perderte mientras tenga vida.
Calló la joven; su esposo, mudo y helado, fijó en ella sus ojos secos y dilatados; pero poco a poco fuese encendiendo su semblante, y el trastorno de sus facciones patentizó bien pronto la borrasca que hervía en su alma.
—¡Ja!... ¡ja!... ¡ja!... ¿Conque amas al rey, Hermione? —exclamó soltando una amarga carcajada—. ¿Y cómo paga él tu amor? ¿Acaso con la ciega idolatría con que yo te he adorado?
Interrumpiose al decir esto, y sus labios temblaron convulsivos, en tanto que sus rasgados ojos despedían relámpagos de furor.
—¿No sabes —gritó después con ronca voz, acercándose impetuosamente a la joven y asiéndola de un brazo—, no sabes que va a casarse con la princesa de Persia? ¿Ignoras que dilata mi castigo, que es lo que más anhela en el mundo, para no pensar más que en su bella Estatira? ¿Y se te oculta, Hermione, que yo le odio hasta el extremo de intentar darle la muerte por mi propia mano?
—¡La muerte!... —exclamó la princesa con un alarido de dolor—, ¡la muerte!... Entonces, Efestión, una misma losa nos cubrirá a entrambos.
—Calla —le interrumpió el príncipe—; calla, insensata, dentro de tres días habrá cortado la vida de Alejandro el filo de mi puñal, y tú serás la esposa de Efestión III, rey de Persia y Macedonia.