Entonces brillaron los ojos de la princesa con una ráfaga de delirio, y abrió la puerta que la separaba del aposento de su esposo, que dormía tranquilamente.

Estratón echó sobre la cabeza del príncipe la capa fatal y envainó tres veces en su pecho el puñal, rojo aún de la sangre de Nearco.

Un grito, sofocado por los anchos pliegues del manto de púrpura, llegó a los oídos de la nueva Judith; después nada se oyó... Se agitó el sudario, y siguió el silencio de la muerte.

Teane sacó un largo y afilado cuchillo, cortó la cabeza de Efestión y la guardó envuelta en la horrible capa, en tanto que Estratón se acercaba a Hermione, que retrocedió espantada.

—¡He vengado a vuestra familia, señora! —dijo el capitán de guardias con amarga sonrisa.

—¡Y has salvado a la vez la vida y la corona de Alejandro! —contestó la princesa tendiendo sus manos al asesino—. ¡Gracias, Estratón!

Pocos momentos después, subían Hermione, Teane y Estratón a la carroza de la princesa, escoltados por una numerosa guardia.

Estratón poseía toda la confianza del príncipe de los ismenios, e hizo creer a todos muy fácilmente que, por orden de este, sacaba del campo a Hermione.

V

JUSTICIA DE ALEJANDRO EL GRANDE