[13] Palomino, Biografía de Velázquez.
—Eso no quiere decir otra cosa sino que habéis estudiado mucho, y con mucha constancia, don Diego —dijo el duque pagando con un afectuoso apretón de manos la noble y amistosa franqueza del artista.
—En efecto, señor don Juan —contestó este—; el estudio es lo que desarrolla el talento, pero no anima ni acrece esa chispa que se llama genio, con la cual Dios dota a muchas criaturas: por eso yo, no obstante mis largos y asiduos estudios, he pintado hasta hace un año mi bodegón y mi aguador, que en tanta estima tiene la corte; por eso me di a pintar cosas rústicas, a lo valentón, con luces y colores extraños.
—Yo creí que habíais tomado ese rumbo conociendo que os imitaban ya el Ticiano, Alberto Rafael y otros.
—Y no os equivocáis; esa fue una de las razones porque me abstuve de pintar con suavidad asuntos más serios, pues aunque mis amigos me decían que podría emular a Rafael de Urbino, más quería yo ser primero en aquella grosería, que segundo en la delicadeza; la otra razón, y más poderosa, era que, careciendo aún de genio, porque ninguna pasión había venido a animarle, me era sumamente dificultoso pintar otra cosa.
El caballero que después de mirar al fondo de la tienda se había alejado, volvía entonces, y tornó a pararse cerca de ella, medio oculto entre el ramaje.
—¿Cómo, pues, habéis pintado con tanta perfección y maestría hace dos meses ese sublime cuadro de la coronación de la Virgen?
—¡Oh, porque ya había aparecido mi genio! —contestó el artista elevando a la bóveda celeste tachonada de estrellas una mirada de inefable y ardorosa gratitud.
II
AMOR DE ARTISTA