»Callé: tampoco sabía doblegar mi altivez hasta el ruego.
»Desde aquel día viví aislada, sin más compañía que una doncella para mi servicio, que recibía el alimento para ambas del comedor de palacio.
»Cuando di a luz mi hija, la hice bautizar con mi nombre y la mandé a Rubens con mi camarera Gisela: aunque rechazada por mi esposo, no intenté profanar su casa abrigando en ella el fruto de su deshonor.
»Rubens no quiso ofender tampoco el decoro de su mujer y de sus hijos con la presencia de la desgraciada criatura, y la depositó en la casa donde la visteis, con una nodriza y la anciana dueña que conocéis.
»Luego no volvió a pensar en ella: abrumado de honores y dignidades, la gloria embargó su alma. Yo, por el contrario, ¡iba sola y encubierta todas las noches a imprimir un beso en la frente de mi hija!
»Cuando la luz de su razón pudo ya hacer que me reconociese con la continuidad de verme, esperé a que el sueño cerrase sus ojos para verla yo.
»De este modo pasaron algunos años.
»Un día supe por Gisela que mi hija Duyweque,[16] que ya contaba quince años, estaba enferma del pecho, y que mi esposo se disponía a llevarla a Gante.
[16] Significa Paloma en lengua flamenca.
»Espié el día de su salida, y lo supe el anterior; envié a Gisela a que mandase disponer un coche muy modesto de camino, y escribí una carta; por la noche fui a ver a Ana y la puse en sus manos, encargándole que la entregase al primer hombre que le dijese amores.