--Por cierto, hija mia, que dices ahora lo que sientes, y veo en tu rostro que este conocimiento te causa no pequeña tristeza: tienes razon: la amistad verdadera es difícil hallarla, y las personas que llevan el género de vida que tú llevas no la encontrarán nunca, porque todo lo que dais á la frivolidad, se lo quitais al corazon.
--No lo entiendo á V., mi querido tio.
--Yo me explicaré: ¿por qué visitas á tanta gente?
--Porque toda esa gente me visita á mí.
--Y entre todas esas personas ¿hay muchas que te aman?
--Acaso ni una sola,--contestó con un suspiro mi amiga,--¡acaso ni una sola se interesa por mí!
--Y eso ¿en qué consiste? Siendo dulce, bondadosa, amable en tu trato, ¿cómo es posible que seas generalmente antipática?
--¡Tio! ¡No creo que nadie me profese antipatía!--exclamó la jóven resentida.
--Entónces, ¿eres indiferente á todos?
--¡Eso será más bien! pero ¿antipática? ¡oh, no! ¡A nadie he hecho daño en toda mi vida!