--Lo sé, y por eso te pregunto si sabes la causa de esa carencia de afectos, de esa frialdad que te rodea, pobre hija mia.

--No la conozco, ni habia pensado nunca mucho en ella, porque me entristecen esos pensamientos.

--Ahora hablemos de tí. ¿Tienes tú afecto, no á todas, pues ya veo que eso es imposible, sino á alguna de las personas que te visitan?

--No les tengo afecto, pero tengo inclinacion á algunas, y si no fuera porque una invencible timidez me lo impide y porque me falta tiempo para ello, desearia cultivar su amistad.

--¡Ya está explicado el enigma!--exclamó el anciano,--¡la falta de tiempo! ¡La falta de tiempo que se pierde en un trato frívolo é inútil, y que se echa de ménos para los afectos verdaderos!

II.

Mi amiga miró asombrada á su tio, que prosiguió:

--No se pueden tener muchas amistades si se han de tener algunos amigos, hija mia; la vida está llena con dos afectos, y bastan si se sienten profundamente: el amor y la amistad son dos dulces necesidades del corazon, y para satisfacerlas todo el tiempo es corto.

¿A qué ese cúmulo de frívolas visitas? ¿Puede creer en tu simpatía é interes la dama que sólo conoce de tí el nombre inscrito en las tarjetas que le sube el lacayo? ¿Puedes tú creer en los suyos, cuando ella hace lo mismo?

--¡Pero si esa es la costumbre!