--Costumbre absurda y no tan generalizada tampoco como tú crees; llévate siempre esta regla en tu trato: ni buscar amistades, ni perderlas.

Las visitas son necesarias para conservar las relaciones sociales; son la expresion de la deferencia hácia los que nos son superiores; de la simpatía á nuestros iguales, de la piedad hácia los que sufren; son, en fin, el lazo que une á la gran familia llamada sociedad, y bajo este punto de vista son, no sólo necesarias, sino agradables; pero lo que es inútil y absurdo es ese afan de visitar que se ha desarrollado en nuestros dias y que á nada conduce más que á perder el tiempo y la paciencia: si se dedican todas las horas de que se puede disponer á las visitas de cumplido, ¿qué tiempo dedicarémos á las de afecto? ¿Y cómo expresarémos éste sino yendo á ver de cuando en cuando á las personas que nos lo inspiren?

--Lo que me ha herido profundamente,--dijo la jóven,--es que durante los dias de mi enfermedad apénas ha venido nadie á verme; nadie se ha ofrecido á velarme; nadie me ha acompañado una hora.

--En cambio, desde que saben que te levantas, tienes al criado de la antesala constantemente anunciando visitas y recibiendo tarjetas: ademas, la lista que se ponia á la puerta de la habitacion estaba llena todos los dias.

--¡Sí! de nombres que venian á escribir criados ó conocidos de mis amigos.

III.

--La sociedad exige mucho y da muy poco,--dijo nuestro anciano amigo,--despues de una noche de baile que has pasado sin dormir y empaquetada en un traje incómodo: despues de un dia de visitas, fatigoso y eterno, ¿vuelves á tu casa con el espíritu alegre y el corazon tranquilo?

--¡Nunca, tio mio! ¡Mi cuerpo llega cansado! ¡Mi espíritu, vacío y triste!

--Así sucede á casi todas las personas, y desde luégo á todas las que piensan y sienten.

--¿En qué consiste, pues, que algunas jóvenes que yo trato están sólo contentas así?