Cayendo en la manía comun, llama la madre á sus exigencias de perfeccion AMOR, y la hija las llama TIRANÍA.

Ambas carecen de la más amable de las cualidades: de la que es el copito de algodon en rama, dulce, suave y blando, que iguala todas las sinuosidades del carácter y todos los lados salientes de las situaciones: carecen de benevolencia; han llegado á no entenderse, que es la mayor de las desgracias en la intimidad de la familia.

Esos dos pobres seres viven juntos y está cada uno de ellos solo, ¡eternamente solo!

¡Dios mio! ¿Qué sacrificio puede parecer penoso si precave el llegar á tan horrible estado? ¿Y qué es un poco de tolerancia, comparada con las ventajas y la paz que trae consigo?

¡Prudencia, Justicia, Fortaleza y Templanza! ¡Adorables virtudes, que el cielo ha señalado como cardinales y primeras! ¡Vosotras sois las cuatro fuertes columnas en las que descansa todo el edificio de la paz doméstica! ¡Vosotras dais la dicha y la paz al hogar, la calma á la conciencia y la tranquilidad al alma!

La prudencia calla y tolera los defectos ajenos, pensando en los propios.

La justicia mide las circunstancias atenuantes de lo que da impulso á las acciones, que á primera vista parecen culpables.

La fortaleza perdona las injurias despues de soportarlas con valor.

La templanza contiene los movimientos descompuestos de la ira, y derrama un bálsamo exquisito en el alma herida.

¡Oh, nobles virtudes! ¡Sed siempre las santas compañeras de mi débil sexo! ¡Sed siempre los ángeles guardadores de la mujer!