Su carácter, que se ha agriado, se ofende y se disgusta de todo lo que es bello y bueno: la juventud y la hermosura de las demas mujeres le son hoy odiosas; se ha vuelto murmuradora, y casi pudiera decirse maldiciente, porque su espíritu ha ido empequeñeciéndose, y ya no hay en él lugar para nada que sea noble, delicado y grande.

Tal es el fin de las pobres paganas que dedican toda su adoracion al lujo y á las distracciones del mundo, y que no ocupan su corazon en el amor de la familia, y su fortaleza en el cumplimiento del deber.

DOLENCIAS DEL ÁNIMO.

I.

Uno de los mayores males de la humanidad, y que hace ver todos los objetos y todos los intereses de la vida bajo el prisma más triste y más sombrío, es el descontento.

Los caractéres descontentadizos son víctimas de sí mismos; todo cuanto tienen les parece lleno de defectos; y es lo más extraño que tampoco les agrada lo que poseen los demas, mirando el mundo como un desierto, y su suerte como la más desventurada.

Las personas que han tenido la desgracia de nacer con un carácter dado al descontento, acusan hasta á la Providencia, y hallan defectos hasta en las leyes más sábias de la naturaleza, hasta en la perfecta y admirable armonía que rige al universo; y si éste se convirtiera en cielo, le hallarian defectos tambien, porque el defecto está, no en lo que miran, sino en su modo de ver.

De todas las enfermedades del espíritu que se pueden padecer, un carácter descontentadizo es la más cruel, y quizá la más incurable de todas.

Esta terrible dolencia tiene sus variantes, y hay quien cree más felices á los otros que á sí mismos, siendo el período de que acabo de hablar el más cruel y el más grave de esta peligrosa enfermedad.