--¡Pero cuando se llegan á conocer inspiran un afecto eterno!

--Podrá ser; pero créeme, amiga mia, á la mujer debe serle mucho más halagador, y con efecto así es, el agradar á primera vista; sé distinguir, porque, como tú dices, tengo alguna inteligencia; sé distinguir la simpatía de la estimacion; el amor nace á primera vista; las prendas del alma son las que le fijan; pero yo no seré querida jamas, aunque siempre sea muy estimada, y necesito una fuerza de carácter que no tengo para consolarme de tan triste suerte.

Así habló mi amiga, y yo no tuve valor para culpar su desaliento, porque me pareció fundado en muy triste pero muy verdadera causa.

Lo mismo que nos sucede respecto de nuestras cualidades, nos sucede respecto de las de los demas, y sobre todo, en el matrimonio, la mujer es por demas intolerante.

¿Por qué causa es más indulgente y más benévola respecto de sus padres y de sus hermanos, que respecto de su marido?

¡Ay! porque al casarse cree haber conquistado la libertad de ser injusta y de juzgarlo todo con rigor, cuando debia ser todo lo contrario.

Muchas esposas hay que, favorecidas por la suerte con hombres honrados y que las aman de todo corazon, les echan en cara que son poco atentos, que no las miman, ú otra gran culpa por este estilo.

Es decir, que fundamos siempre nuestra desgracia en lo que nos falta, sin pensar en la dicha de lo que poseemos, y como dice muy bien Carolina Coronado:

«Es lo mismo que todos los pesares

Del mundo tenga, ó que los sueñe todos,