Cuando se halló en la mísera y helada buhardilla de aquellas pobres gentes, sintió en el alma una impresion dolorosa, penetrante, desconocida; pero sintió algo, despues de mucho tiempo en que no sentia nada.

Entregó su bolsillo á la pobre madre enferma sin que pensase contraer en ello mérito alguno; pero aquella mujer besó sus manos, bañándolas en llanto, y todos los niños, conducidos por el padre ciego, se arrojaron á sus piés colmándola de bendiciones.

Desde aquel dia la vida de aquella hermosa jóven tiene un objeto noble y grande. ¡La caridad!

Crueles dolores la han afligido despues; grandes decepciones ha sufrido; pero los dulces recuerdos del bien que hace la consuelan de todos sus disgustos y sinsabores.

IV.

No son sólo los ricos los que pueden practicar el bien.

El que consuela al afligido con palabras dulces y afectuosas hace igualmente un inestimable beneficio, y su recuerdo, á pesar de la ingratitud con que pueda ser recibido, basta para hacer dichoso á quien lo ha practicado.

Hay tambien recuerdos que matan.

Los remordimientos, los crueles é implacables remordimientos no son otra cosa que los recuerdos del daño que se ha hecho, á los cuales va unida la memoria de las bellas cualidades que poseian las personas á quienes se ha ofendido ó lastimado.

Al hombre le acompañan ménos los recuerdos; su vida está llena de realidades más ó ménos penosas, más ó ménos agradables.