Paréceme que el apego de la mujer á su casa y á los objetos que la adornan, es inseparable de su condicion, suave, blanda y amorosa; que la constancia en sus afectos debe serle tan propia como el culto de los recuerdos, y que un corazon frio, egoista é indiferente es como una anomalía en nuestro sexo, á quien Dios encomendó el cuidado de embellecer el hogar, derramando en él la suave luz de la poesía y del amor.
Haga la mujer todo el bien que le sea posible; ame y socorra á los menesterosos; y por desgraciada que sea su vida, siempre tendrá en sus recuerdos un pedazo de cielo azul, un horizonte sereno, adonde volver sus fatigados ojos.
LA POBREZA Y LA MISERIA.
I.
Entre estas dos situaciones hay un abismo, á pesar de que muchas veces se las confunde.
La pobreza no es una desgracia.
La miseria es una desgracia horrible.
La pobreza es carecer de lo supérfluo, pero tener lo necesario.
La miseria es carecer de todo: ¡es el hambre, la desnudez, el frio, la enfermedad, el dolor, la muerte!