Se han visto familias caer de repente, desde una posicion decorosa y desahogada, en la más profunda miseria, á causa de algun fraude de que han sido víctimas: una, sobre todo, á quien he conocido, cayó en tan completa desgracia, que el padre no pudo resistirla, y buscó en la muerte el descanso de un dolor que su fortaleza no alcanzó á sobrellevar: su esposa y sus dos hijas hubieron de dedicarse, primero á labores de su sexo, que les pagaban muy escasamente; y despues, visto que el producto de su trabajo no les alcanzaba para vivir, al servicio doméstico.

La inteligencia y buena educacion de la madre llamó la atencion de la familia á quien servia; y enterada ésta de sus desgracias, hizo venir tambien á sus dos hijas, dándoles una habitacion en su casa, mesa, una criada y algunas labores delicadas y productivas que desempeñaba una de las jóvenes, miéntras la otra con su madre iba á dar lecciones de música.

Las tres pobres mujeres llegaron á encontrarse tan dichosas en su modesta situacion, que la preferian á su opulencia pasada, y sólo tenian en el alma el dolor de la muerte de aquel esposo, de aquel padre que tanto amaban, y que las habia amado tanto.

III.

La dicha de ser rico, se llama una novela francesa de grande y justa fama: su argumento es muy sencillo: un zapatero se hallaba muy feliz con lo que su oficio producia, cuando tiene una herencia tan rica como inesperada; su mujer y sus dos hijos se vuelven locos de alegría, y él mismo da gracias al cielo por este beneficio; pero muy pronto el cuidado de guardar su dinero le quita el sueño, le agita y le sumerge en un piélago de inquietudes y de zozobras; ya hace una abertura en la pared para ocultar en ella su tesoro; ya, creyéndole allí poco seguro, sale al campo y lo entierra de noche con todas las precauciones que pudiera guardar un criminal; y llegan á tal extremo su inquietud y su angustia, que maldice su herencia y suspira por el tiempo en que vivia sin cuidados, ni envidiado ni envidioso de los demas.

Su mujer, que le amaba, su hija y su hijo, que adoraban en él, deploran el cambio operado en su salud, que se resiente de tantas amarguras: de contínuo, los vecinos burlones les envian avisos anónimos de que van á robarles, asesinándoles primero; y al fin el pobre zapatero, que ántes vivia contento con el pan de cada dia, que nada más pedia al cielo que pan y trabajo, que nada tenía que guardar, está á punto de perder la razon y la vida.

Una noche su esposa y su hijo salen al campo para ver si el malhadado tesoro se halla donde le habia enterrado el pobre hombre; pero la tierra está excavada, y el cofrecito de hierro ha desaparecido: en lugar de lamentar la pérdida, caen de rodillas y dan gracias á Dios por ella, elevando sus ojos y sus corazones al firmamento bordado de estrellas: el ladron fué bendecido por haberles librado de aquella funesta riqueza.

Desde aquel dia, el zapatero y su familia recobraron la tranquilidad, el sueño apacible, y su apetito feliz y nunca desmentido.

IV.

No es generalmente la miseria dón de la Providencia divina, tan paternal y tan previsora para todos.