La miseria es casi siempre hija de la holganza, de los vicios, de la malversacion de los medios de vida.
Dios hace nacer pobres y ricos; la indigencia es casi siempre obra de los extravíos del hombre, y algunas veces obra tambien de los extravíos de la mujer, que gasta más de lo que debe y puede.
La pobreza no es espantosa ni repugnante: ¿cuántas veces no se han alegrado nuestros ojos, al entrar en un cuarto muy alto, en un piso cuarto ó en una buhardilla? La cama, limpia y bien mullida; la ventana, adornada con visillos blancos, sujetos con lazos rosa ó azules; el pavimento, brillante de limpieza; los muebles, barnizados; las flores frescas, en un jarrito de cristal ó de loza; todo esto lo permite la pobreza, y todo esto la embellece y casi la santifica.
La limpieza es el lujo de los que cuentan con escasa fortuna; el arreglo es una bella cualidad de los pobres, y se ven familias que con muy pocos haberes viven con decencia y dignidad.
Apénas hay familia donde la esposa sepa gobernar su casa con inteligencia, en que no haya un bienestar relativo: diríase que el buen órden atrae el dinero, y que el desarreglo lo ahuyenta: las compras inútiles, el gusto por el fausto y por el lujo, arruinan, no sólo las fortunas modestas, sino tambien las grandes.
La pendiente de la holgura á la miseria es rápida, y se baja sin pasar por el término medio de la pobreza: el que nace con lo necesario no le falta, sabiendo conservarlo, hasta que muere; pero se han visto muchas familias opulentas llegar, por el exceso de sus gastos, á la más completa desnudez; á la más horrible miseria.
No nos rebelemos contra la pobreza, y al contrario, contentémonos con ella si Dios nos la envia; pero evitemos con todas nuestras fuerzas la miseria: y cuando la veamos, socorrámosla en lo posible, sin pensar en si el desgraciado que la sufre es por su culpa, ó porque el cielo, como al santo Job, le quiere probar con ese terrible azote, que devora á tantos desheredados de los bienes de la tierra.
LA VOZ.
I.