Hay algunas cosas en la vida que llamamos pequeñas, y que lo parecen en efecto; pero que son, sin embargo, más importantes de lo que se cree, y de mayor influencia en nuestra suerte de la que se supone.
Al hablar de una mujer hermosa, se elogian sus ojos, su boca, su talle, la expresion de su semblante, las gracias de toda su figura.
Cuando se menciona una mujer agradable, se habla de su talento, de su gracia, de su amabilidad, de su instruccion: mas hay una cosa de la que nadie se cuida y que nadie nombra. La voz.
Y sin embargo, ¿quién que conozca el poder de los sonidos en las imaginaciones impresionables podrá negar á la voz una mágica influencia?
¿Quién duda que existen voces celestiales, que al hablar penetran en el corazon y nos llevan adonde quieren, sin que nos demos cuenta de ello?
¿Quién no ha oido en una conversacion de muchas personas un acento encantador que ha conquistado desde que se ha dejado oir todas nuestras simpatías, y que ha hecho que nos interesemos inmediatamente por las ideas de quien le posee?
No podré yo expresar á mis lectoras el valor que tiene ese órgano, que si bien se cree muy importante cuando se trata del canto, júzgase indiferente en lo que toca á la conversacion.
El metal de la voz despierta simpatías más vivas, y acaso más irresistibles que la belleza misma.
Una mujer bella con una voz áspera y bronca, pierde la mitad de su belleza.
Por el contrario, una que sea sólo agradable, cautiva de una manera irresistible si su voz es dulce y simpática.