Y no creo que el metal de la voz es independiente de nuestra voluntad: nosotros podemos, si no variarlo, modificarlo al ménos, y de ingrato, hacerle dulce y agradable.

No tienen poca parte para dar el tono á la voz los sentimientos del alma; cuando la ira domina, la voz es sofocada y áspera y los sonidos oscuros, careciendo completamente de modulaciones.

Mas cuando la dicha, la tranquilidad y la alegría tiene el ánimo en una dulce serenidad, la voz es dulce tambien y halaga al oido, casi como un canto.

Hay mujeres, y yo misma conozco algunas, que con una voz muy dulce tienen un corazon seco y helado: que su acento afectuoso es el disfraz de un monstruoso egoismo; pero esto no quita su poderoso encanto á un agradable metal de voz: ántes, por el contrario, el ver el imperio que estas mujeres ejercen en cuantos les rodean, al observar cuán bien, pronta y fácilmente consiguen todos sus fines y llegan á las empresas más difíciles, se comprende cuán grande es el poder de una voz grata al oido, y de un suave y melodioso acento.

II.

En la mujer, sobre todo, es indispensable un eco de voz dulce y afectuoso.

La que carece de él debe adquirirlo con el estudio, pues ya he dicho que en gran parte la dulce emision de voz depende de nosotras.

Tal influencia ejerce en el hombre la voz dulce de la mujer, y tanto le agrada, que apénas habrá cosa que niegue al suave acento de la súplica, y apénas habrá nada que conceda al duro acento del mando.

He oido hace poco tiempo preguntar á un hombre dotado de un carácter violento y duro, su parecer acerca de una mujer muy bella.

--No me gusta, respondió secamente: tiene un metal de voz áspero y desagradable, y yo prefiero una mujer fea, dotada de una dulce voz.