La pobre jóven, al oirle, se quedó pálida como la muerte: un instante despues un encarnado ardiente vistió desde su frente hasta su cuello: su seno palpitó con violencia: sus ojos lanzaron un relámpago deslumbrador... ¡qué terrible lucha tenía lugar en su corazon! Todos los ojos estaban fijos en ella... y todos se miraron con asombro, cuando ella, pasando una mano por sus ojos, como para no ver, dijo con acento dulce y sumiso á su brutal marido:
--Perdona, amigo mio, me habré equivocado.
¡Qué gran victoria consiguió aquella mujer sobre sí misma! ¡Cómo se leia la admiracion de los presentes en sus semblantes! ¡Y qué triste papel el del marido déspota y grosero!
El poseer una voz agradable es un seguro antídoto contra los arrebatos de la cólera, porque las frases duras no se pueden decir con un acento dulce y afectuoso, y la costumbre de esta gracia, sea natural ó adquirida, sirve de freno á todas las desigualdades de un carácter desapacible.
EL SANTUARIO DE MONTSERRAT.
Á MI QUERIDA AMIGA LA DISTINGUIDA POETISA
DOÑA ANTONIA DIAZ DE LAMARQUE.
I.
Al dedicar un recuerdo al célebre santuario de las montañas de Cataluña, á nadie mejor que á tí, mi amada Antonia, hubiera podido dirigirme: á tí, que tantas veces me has instado en tus cartas para que escribiera algo acerca de mis viajes, y á quien he prometido hacerlo: sin embargo, no me agradezcas la presente, porque necesitaba escribírtela para aliviar mi corazon de una emocion profunda, y para hablarte del asilo más grandioso que posee en la tierra la Reina de los Cielos, la Madre Celestial, que tanto amamos tú y yo.