Las fugitivas están, sin embargo, cubiertas de campanillas blancas y azules, como si quisieran llevar consigo en la partida todas sus joyas.

No podria, no sabria, Antonia mia, decirte, aunque quisiera, hasta qué extremo me conmovió la vista de aquel verdor lujoso, de aquella loca lozanía entre lo triste y solitario de las sagradas ruinas.

Parecíame oir sonoras carcajadas de alegría entre las notas de un canto funeral.

Creia ver jóvenes vestidas de rosa y blanco, entre una cohorte de enlutadas y afligidas ancianas.

Pero á medida que rezaba el consuelo descendia á mi alma.

Pensaba en que Dios coloca siempre la alegría junto al dolor, y que quizá sin aquella hiedra cubierta de flores, el espectáculo hubiera sido demasiado tétrico y desconsolador para mi alma.

En el ala de la derecha del santuario se halla la hospedería: los monjes dan allí la más cristiana y cariñosa hospitalidad: cada viajero tiene su cuarto; algunos domésticos cuidan del aseo y servicio de las habitaciones, y por la noche se ve á los religiosos, envueltos en sus largos mantos negros, pasar por los claustros para informarse de si los visitadores de aquellas santas soledades están bien asistidos.

En la cima de una roca, que desde el camino parece inaccesible, está situada la iglesia, servida por los monjes y por algunos niños de familias pobres, á los cuales se les proporciona una educacion religiosa y gratuita.

La comunidad de estos niños se llama Escolanía, y su habitacion, situada en el interior del Monasterio, tiene sobre la puerta un cuadro encantador, que representa á la Vírgen cobijando bajo su manto á algunos niños casi desnudos.

Enfrente de la iglesia se extienden cordilleras de montes inmensos, cubiertos de flores y medio ocultos en las horas de la tarde, entre las brumas que descienden del cielo hasta los picos más elevados.