¡Cuánto pudieran decir aquellas heladas bocas, si un milagro del que todo lo puede las abriera!
¡Cuántos imponentes espectáculos habrán contemplado aquellos ojos sin luz!
Ellos han visto subir al santuario á los Reyes Católicos, con su hija Juana la Loca; á la emperatriz Isabel, esposa de Cárlos V; á Felipe II, que estuvo en él cuatro veces; á sus hijas las infantas Catalina é Isabel; á Felipe III; á Maximiliano II; á D. Juan de Austria; á Cárlos III; á Cárlos IV; á Fernando VII y á Isabel II.
No pueden los límites de una carta reseñar detenidamente á Monserrat; muchas deberia dirigirte para ello; pero como quieres que te escriba sobre otros asuntos, me contento con darte en este una ligera idea del más grande de todos los santuarios del mundo cristiano.
El fuego, como si fuera el eterno enemigo de las santas montañas, ha vuelto á invadirlas hace algunos años; tú lo sabes tambien, pues la prensa toda dió cuenta de ese espantoso siniestro, que atribuyeron á una mano aleve; ya los religiosos iban á sacar de la iglesia la sagrada imágen para ponerla á salvo de las llamas: Barcelona entera, Manresa y todas las poblaciones inmediatas, acudieron llenas de agonía á agruparse en la hora del peligro en derredor del palacio solitario de María, y sus esfuerzos lograron felizmente extinguir el fuego.
Si hubo culpables ¡Dios los perdone en su misericordia infinita! Ni tú ni yo sabemos llamar anatemas sobre las cabezas de los extraviados.
Adios, Antonia mia, te abrazo con el corazon.
LA MODESTIA.
I.