La fe es la luz purísima que ilumina las almas; el rayo de sol que alumbra la noche tenebrosa de la duda.

III.

Hé aquí lo que dice Eugenio Pelletan en su Profesion de fe del siglo XIX:

«El hombre necesita creer, porque ha nacido inteligente; creer es el medio de ser para su espíritu; su espíritu vive únicamente creyendo, y ademas porque, habiendo nacido libre, tiene, en virtud de esta libertad, una parte de accion en su destino. Debe, pues, conocer, aunque sea en parte, ese destino para arreglar á él su conducta. De aquí la necesidad de una creencia. ¿Quién eres? ¿Por qué existes? ¿De dónde vienes? ¿A dónde vas? Hé aquí el enigma que, desde Job á Prometeo y desde Prometeo hasta Fausto, la humanidad está contínuamente resolviendo.»

«¿Pero qué garantía tiene el hombre de poder encontrar su solucion? Una sola, podemos responder, y le basta; el deseo que tiene de hallarla. El afan de buscar no es en nuestra alma más que la anticipacion de la verdad. La soberana armonía no se engaña á sí misma: no ha dado la aspiracion á nuestra alma como el cebo de un engaño. Por todas partes donde ha puesto la sed, ha puesto al lado la fuente. ¿Quién puede admitir un momento que Dios señala la verdad al presentimiento para escondérsela á la razon? Entónces no sería Dios, sería su propio mentís. Habria encendido en nosotros un deseo que sería un suplicio; hubiera hecho de nuestro más sublime instinto, un infierno. Semejante hipótesis es impía, no merece ni áun la refutacion. Decirla es refutarla.»

Vosotros, los que afectais no creer en nada para correr desenfrenados de extravío en extravío; vosotros, los que no quereis dique alguno para vuestras pasiones; vosotros, seres á quienes el mundo llama en su culto lenguaje despreocupados, no podréis ménos de convenir en el fondo de vuestra alma, en que Eugenio Pelletan tiene razon; porque todos, hastiados de los vacíos goces de la vida, habréis buscado un más allá en vuestro destino.

¿Qué os ha contestado entónces vuestra razon oscurecida por las nieblas de los goces materiales?

¿Qué os ha respondido vuestra conciencia, ese juez invisible, pero rígido y severo?

Es bien seguro que vuestra razon ofuscada y vuestra fuerte conciencia han batallado encarnizadas en el fondo mismo de vuestras almas; mas si ha quedado la victoria por la primera, si esa razon extraviada os ha dicho que no hay nada más allá de este mundo, ¿qué os queda?

¿Sois acaso felices con los goces que él os proporciona?