La grandeza de vuestro espíritu ¿no se abate hasta desear la muerte y el no ser?

¿No teme entónces vuestro cuerpo entrar en la tumba para volverse polvo?

¿No se empeña otra lucha nueva entre el espíritu y la materia; aquél anhelando dejar un mundo donde no cabe; ésta, aferrándose á un mundo que le halaga más que la nada del sepulcro?

¡Desdichados, que no teneis fe! ¡Vuestra breve y emponzoñada existencia sólo puede ser una cadena de dolores!

¿Quién os consuela cuando la muerte os arrebata el padre, la esposa ó el hijo?

¿Adónde volveis los ojos turbios de dolor?

¿A los que quedan? ¡Ay! ¡Estos han de morir tambien!

¿A sus sepulcros? Sus losas nada os dirán: ¡sólo guardan elocuentes frases para los ojos del alma!

Los que creen en su inmortalidad acuden á postrarse ante las tumbas, y ven en el rayo del sol ó de la luna, que va á quebrarse en ellas, el alma que amaron y que ha descendido del cielo, para que consuele la suya.

IV.