Ella nos hace confiar en todos cuantos nos rodean, nos hace ver en toda su grandeza el cariño de los padres, nos hace creer en la fidelidad, en la nobleza, en el amor, porque la fe está rodeada de una córte de hermosas criaturas, que se llaman creencias.
Estos seres tienen alas como los ángeles, y cuando hay algun mortal tan desgraciado que despide á la fe de su alma, la fe vuela al cielo seguida de sus aladas é inocentes compañeras.
Dios mismo, al bajar al mundo para hacerse hombre y morir por nosotros, trajo consigo á la fe.
Ella curó á los tullidos, dió vista á los ciegos, habla á los mudos y alimento á los hambrientos, y áun en nuestros dias pudiéramos ver muchos milagros operados por la fe.
La fe está siempre entre nosotros sin pedirnos recompensa, y á veces sin que la conozcamos.
La fe con que ama un hombre, triunfa casi siempre de la inconstancia de su amada.
La fe en el estudio, vence las dificultades que éste ofrece á una inteligencia limitada.
La fe en el talento, abre al que la abriga un porvenir más ó ménos lisonjero, más ó ménos lejano; pero siempre consolador.
La fe en la ciencia del médico, cura á muchos enfermos de sus dolencias.
Y hasta la fe en los principios políticos ha sido provechosa, pues si bien ha hecho infinitas víctimas, éstas han espirado con la sonrisa en los labios como los mártires del cristianismo, ó arrastran una vida de privaciones y destierro, pacientes y resignadas.