No despidais, pues, á la fe.

Los que no la abrigueis en vuestras almas, llamadla presurosos, porque no podeis elegir compañera más benéfica y generosa.

La negra discordia huye, bramando de furor, de la mansion que ocupa.

La desesperacion no hinca jamas su rabioso diente en el seno que la cobija, porque la fe le defiende valerosamente de sus ataques, y hasta acompaña al sepulcro al que la ama y la abriga.

LA ESPERANZA.

El sepulcro de la última esperanza

es la cuna del suicidio.

L. V.

I.