La esperanza es hermana de la fe.

Quien no abriga la fe en su corazon, no puede ser consolado por la esperanza.

Nada son, nada valen, ni para nada sirven las esperanzas que hace brotar la ambicion.

La esperanza, si no va sostenida por su madre la Religion y por su hermana la fe, es tan débil que muere al nacer.

Las ilusiones toman con frecuencia el manto de la esperanza; le dividen en pedazos, se cubren con ellos y van á visitar las cabezas enfermizas y los corazones estragados de los mortales.

Éstos las confunden con la esperanza; las acogen con amor, las acarician, las abrigan, y las pérfidas, despues de haber saciado su sed en la savia de su cerebro, huyen riéndose descompasadamente, y dejando las más espantosas tinieblas en el espíritu débil que las acogió.

--¿Por qué la esperanza se deja robar y desgarrar su hermoso manto? me preguntaréis acaso.

Y yo os contestaré:

--La esperanza deja sonriendo que las ilusiones se apoderen de él, y al mirarlas volar sobre la tierra, exclama satisfecha:

--Corto será vuestro reinado: el mio es más hermoso y duradero, pues cuando abandonais á los míseros mortales desengañados y abatidos, á mí toca volar á reanimarlos y á prestarles consuelo. Vuestra mision es herir, la mia curar las heridas que haceis.