Y en efecto, vedla al lado de todos los dolores de la vida.
Vedla sentada junto al que llora, reclinada en el lecho del moribundo.
Vedla velar las tumbas de los muertos.
Vedla, en fin, hasta en el cadalso, mostrando el cielo con su blanca mano al delincuente que espira arrepentido.
II.
Si el mundo llamase á la religion y á la fe; si no desdeñase la benéfica influencia con que constantemente éstas le brindan, la esperanza haria fecundos á tantos genios como se agostan con el soplo amargo del escepticismo: habria más gloria, poder y felicidad; no abortarian tantas empresas, grandes en su concepcion, porque no serian mezquinas en sus medios, y Dios no dejaria caer su mano airada sobre nuestras cabezas.
La esperanza es la que guía todos nuestros pasos en el sendero del bien; la madre sufre todos sus dolores, todas sus penas, no por el egoismo que encierra la idea de que sus hijos le paguen en la ancianidad cuanto por ellos sufrió, sino alentada por la esperanza generosa de contemplarlos un dia fuertes, virtuosos y felices.
El soldado arrostra los peligros del combate, porque la esperanza le enseña á lo léjos una corona de inmortal laurel.
El marino reza en la tempestad á la Reina del cielo, porque tiene su esperanza cifrada en tan cariñosa y compasiva señora.
Á mí me conoce y ama como una amiga.