La tengo sentada frente á mí, en mi mesa de escritorio.
La encuentro en el templo, apoyada junto al altar.
La veo en mis largos y solitarios paseos mecerse en las ramas de los árboles.
La oigo en la campiña cantar con los pájaros.
Á su risa brotan en Mayo las flores de mis balcones.
Á su arrullo me duermo.
Á su dulce llamamiento me despierto.
Ella cortó hoy mi pobre pluma para escribir estas líneas.
Ella hace veloces y alegres las horas de mi trabajo.
Ella, en fin, es mi mejor amiga.