Los pesares del corazon, los sinsabores del alma, los amaños de la sociedad, las intrigas del poder, las injusticias de los hombres, los desengaños del mundo, las decepciones más amargas, los dolores más hondos, todo lo alivia la blanda sonrisa de la esperanza.

El desgraciado sufre sus dolores con paciencia, porque la esperanza le promete el alivio de ellos en la tierra, ó el precio de su resignacion en un mundo mejor.

El mártir soporta heroicamente sus tormentos, porque espera el cielo que la fe le descubre.

El poeta pasa sus breves dias con la cabeza abrasada, sus noches sin sueño, y sus amargos desengaños, esperando conquistarse un glorioso renombre, que le compense de todas sus fatigas.

Mas ¡ay! todas estas esperanzas se convierten en vanas ilusiones, si la religion y la fe no las sostienen.

Oid á Alfonso de Lamartine en sus Meditaciones, en ese libro, consuelo de los corazones heridos, encanto de las almas tiernas y bálsamo de la amargura del desengaño: oidle, y si yo no os inspiro gran fe al rogaros que espereis, tenedla al ménos en el gran poeta, cuya inteligencia parece haber sido iluminada por el mismo Dios.

«Alúmbrate con la antorcha de la esperanza hasta en las sombras mismas de tu muerte, seguro de que la Providencia no tiende lazo alguno á tus pasos; cada aurora la justifica; el universo entero se fia de ella; sólo al hombre ha ofrecido dudas; pero su venganza paternal confundirá la duda infiel en el abismo de su bondad.»

Sí; no hay duda que la bondad suprema no confunda en el abismo de su misericordia sin límites. No hay vacilacion en un alma pura, que no sea sostenida por la fe é iluminada por la esperanza.

¡Amantes y virtuosas madres! ¡Vosotras, que sois los únicos seres para quienes mi voz puede tener algun poder, enseñad á vuestros hijos, desde el momento en que su inteligencia pueda comprenderos, á creer, á esperar y amar!

Hacedles ver que toda la ciencia de los mortales debe circunscribirse á este círculo, tan estrecho pero tan fácil, y que únicamente la fe y la esperanza pueden labrar su dicha en esta vida, y conquistar el reino eterno que Dios nos tiene prometido.