Algun tiempo despues la sociedad de Ciencias y Artes de Amsterdam, queriendo tributar un homenaje público á sus virtudes y talentos, honró la memoria de las dos amigas, celebrando unos magníficos funerales, á los cuales asistieron cuantas personas distinguidas en todo género residian en aquella gran ciudad.
Es de suponer que entre estas dos señoras habria algunas desigualdades de carácter, algunas disidencias de gustos é inclinaciones; pero es de suponer tambien que una á otra se dispensarian, tolerándose mútuamente sus defectos, en gracia de sus buenas cualidades.
III.
Nunca se deben confiar á otra persona ni pensamientos, ni sentimientos, hasta estar bien segura de que los puede comprender, ni jamas debe dar el dulce título de amiga una mujer más que á la que ha dado muestras de merecerlo: hay penas y alegrías que no deben dividirse con ningun sér indiferente, con ninguna persona de cuyo afecto no estemos completamente seguros. Mas si debe procederse con mesura ántes de dar nuestra amistad, una vez concedida, no se debe huir ante ninguno de los sacrificios que esta amistad impone.
Se deben disimular á una amiga todos aquellos defectos que, no naciendo del corazon, no pueden lastimar el nuestro; porque la indulgencia y la moderacion son las principales cualidades de toda mujer distinguida, y que se estima á sí misma.
He visto personas tan extremadamente indulgentes, que más bien que estar dotadas de un bello y dulce carácter, parecian poseer un orgullo lleno de nobleza. Hubiérase dicho que estas personas estaban colocadas en un pedestal tan alto, que nada podia ofenderlas; que todo lo miraban desde inmensa distancia, y que despreciaban las mezquindades de los demas; y sin embargo, no tenian enemigos, y eran, por el contrario, universalmente estimadas.
IV.
Una ilustre escritora de nuestros dias ha dicho, «que la amistad es una necesidad del corazon y que el amor es un lujo del mismo.»
Me parece esto muy cierto, y áun creo que deberia añadirse á tan bella frase, «que la amistad es un beneficio para el alma.»
Un hombre nunca confesará á la mujer á quien ama que está pobre ó exhausto de recursos; pero se lo dirá á su amigo.