--¡No, no deseo nada de eso! exclamó la pobre esposa; ¡lo que deseo es tu cariño!

--¿Qué motivos de queja tienes de mí?

--¡No soy tu amiga! ¡Voy sola á todas partes! ¡No me confias tus penas! ¡No tengo en tu casa, en fin, el sitio que corresponde á tu esposa!

--¡Bah! respondió el marido; guarda el sitio que tienes, pues no sabrias estar en otro.

--¡Pues qué! exclamó ella exasperada; ¿me niegas toda sensibilidad, toda inteligencia?

--Desde que te conocí te he visto bajo el aspecto más frívolo; no me casé contigo para que dividieses las penas y las fatigas de la vida, sino porque eras bonita y queria verte siempre.

--¡Ah! exclamó la jóven levantando su rostro pálido de dolor y de cólera; ¡yo soy una cosa bonita que compraste, pero tu amor y todo tu tiempo lo das á otra mujer! ¡sé tus indignos devaneos, y no he de callar más tiempo!

El silencio sucedió á estas palabras.

--No quiero negarte lo que ya sabes, repuso el marido despues de algunos instantes; pero consuélate, esa mujer es tan fea como bella eres tú, y ademas te lleva algunos años.

--¿Qué te cautiva entónces en ella?