--Su elevada inteligencia, su conversacion encantadora, su profunda sensibilidad; cosas son éstas que jamas he pensado hallar en tí; la intimidad del alma, la simpatía de las ideas con otro sér, constituyen una necesidad irresistible para el hombre, y el que halla vacío y frio su hogar, va á sentarse en otro, donde encuentra lo que en el suyo le falta.
Desde aquel dia la jóven esposa quiso probar á su marido que podia partir con él el peso de la existencia. Dedicóse á embellecer su casa, y retirada en ella, cambió del todo su método de vida; leia, se perfeccionaba en la música, se acostumbraba á pensar, y fué, en fin, un alma que halló el camino de la de su marido, del cual prevenia todos los deseos.
La maternidad vino á estrechar sus lazos, porque Dios, todo bondad y misericordia, deja siempre un rayo de consuelo áun en medio del mayor dolor.
Su marido ha llegado á entender que tiene en su casa algo más que un mueble como los otros; él tambien se ha aficionado á las tranquilas dulzuras del hogar, desde que, en vez de hallarlo solitario, lo encuentra guardado por su bella esposa; y él, que con tan ruda franqueza le habló, encuentra ahora un placer infinito en alumbrar con los rayos de su propio talento esa inteligencia, ofuscada por las nieblas de la materialista y frívola sociedad.
Ya es la amiga, la compañera y el único amor del hombre á quien unió su destino, que es la mayor y quizá la única felicidad positiva de la mujer que ha nacido con un corazon bueno y sensible.
IV.
¡La casa! ¡El hogar!
¿Dónde se descansa mejor, dónde se halla mayor satisfaccion y un bienestar más dulce?
Id á las fiestas más espléndidas del mundo, y será raro el que no volvais á vuestra casa con el cuerpo y el espíritu igualmente fatigados; pero en la dulce tranquilidad de vuestra casa, jamas estaréis solos: los muebles, los libros, el piano, el periódico que os trae las más lindas novedades de la moda, el pajarito que canta en su jaula, el ramo que os da su perfume, todos estos objetos os parecen, y con razon, otros tantos amigos que os sonrien y os aman: allí no hay decepciones, allí no hay envidia ni maledicencia; allí todo es paz, calma, armonía y reposo; allí, desde la sagrada imágen que escucha vuestros ruegos, hasta las macetas de vuestro balcon, todo os es querido, como queremos cuanto vive de nuestros cuidados.
La mujer que no se halla bien en su casa, será en vano que busque la dicha en el ruido y las fiestas; porque en el mundo y entre su más espléndido bullicio, el alma huérfana está tan aislada como en las más vastas soledades, como en los más espantosos desiertos.