--¿Y quién habla mal de mí?
Pero se engañó: su interlocutora se encogió de hombros y cambió de conversacion.
--¡Cómo! exclamó él; ¿no le importa á V. que la critiquen, que la murmuren?
--No por cierto, amigo mio, porque lo hacen sin razon.
--¿Y eso qué importa, si lo hacen?
--Dejarlos; las calumnias caen siempre por su base.
--¡Pero V. tiene enemigos!
--No lo creo: no puedo creerlo.
--¿Ni porque se lo diga yo?
--Creo más bien que V. se engaña.