Ya en la ancianidad, el poeta se acuerda todavía con ternura de aquella madre, que, vástago de una de las más ilustres familias de Francia, se encerró con su esposo, sus hijos y su libro de oraciones en una pobre casa, antigua y desmantelada, donde todo su recreo consistia en mirar el cielo á traves de los viejos árboles y enseñar á su Alfonso á pensar y á sentir.
Bien se conoce en los escritos del poeta que el talento de una mujer hizo brotar y dirigió sus primeras impresiones: de ahí proceden esa melancolía que resalta en ellos, esa dulzura en los giros, esa belleza en las imágenes, esa inquebrantable fe religiosa, esa exquisita elegancia, esa poesía inagotable, que se advierten en todas las obras de Lamartine: sus detractores dicen que su pluma es un tanto femenina, y tienen razon: ése es el más alto elogio que se puede hacer de su madre.
Cuando el poeta, hombre ya, deja para ir en busca de la fortuna el dulce abrigo del ala maternal, aquel cariño tierno é inteligente le sigue por todas partes, excusa sus errores, le socorre secretamente en sus locos gastos; y cuando llega la hora del amor para Alfonso de Lamartine, la dulce madre comparte con el corazon de su hijo, no sólo todas las penas, sino todas las punzantes emociones de una pasion, acaso culpable, pero verdadera y profunda.
III.
En todos los escritos de Lamartine reside el alma grande, bella, piadosa, tierna y apasionada de su madre; si todos los hombres tuviesen una madre como aquella, habria tambien más nombres gloriosos en el mundo, y las malas pasiones no tendrian tanto imperio.
Como se ve, no quiero hablar aquí del amor ciego é ininteligente de la madre que sólo alcanza á desear una absoluta dominacion sobre sus hijos, y que más que abrirles el camino de la vida y de la inteligencia, se los obstruye todos. Hablo del amor á la vez inteligente y apasionado, como del bello ideal del cariño materno; pero áun aquél es á mis ojos respetable, pues si en sus manifestaciones es errado, en el fondo es grande y lleno de abnegacion.
En el artículo siguiente hablaré de la triste influencia que su madre ha tenido en el destino de otro hombre ilustre, y á la vez muy desventurado.
LA MADRE.
ARTÍCULO TERCERO.