--Amigo mio, respondió aquella madre: prefiero el que mi hijo sea bueno á que sea feliz.
LA MADRE.
ARTÍCULO SEXTO.
I.
Por los ejemplos que hemos presentado á nuestras amables lectoras creemos haber demostrado suficientemente hasta qué punto es grande y hermosa en la humanidad la figura de la madre, hasta qué punto puede llegar su influencia en el destino de sus hijos, y cuán inmensa es la importancia que se la debe conceder.
«Si quereis mejorar la sociedad, educad á las mujeres», decia Mad. Campan á Napoleon I; y al darle aquel consejo, debia indudablemente pensar en las madres, porque nadie como una madre puede hacer marchar á su familia por la senda del bien y de la virtud.
Para que una mujer sea buena madre, debe ser ante todo buena cristiana, y ademas mujer instruida; porque su principal mision es inculcar á sus hijos los sentimientos religiosos, que les han de servir de puerto de paz en todas las borrascas de la vida.
«Nada hay que pueda reemplazar la educacion de una buena Madre», dice Maistre: «cuando la Madre se impone el deber de imprimir el sello de la virtud sobre la frente de su hijo, es casi seguro que la mano del vicio no lo borra jamas.»
«El jóven sigue su primera direccion, dice el libro de Los Proverbios, y no la deja ni áun en su ancianidad.»