Puesto que la mujer hace falta en la casa y no fuera, lo lógico es que se la eduque para la casa y que se la enseñe, no sólo lo necesario para dirigirla bien, sino lo preciso para que la embellezca: la música, el dibujo, los idiomas, para que pueda conocer la literatura extranjera con perfeccion, para que pueda elevar su entendimiento, cultivar su espíritu, empaparse en los buenos ejemplos é imitar los modelos de las virtudes.

Y puesto que la mujer tiene dentro de las paredes de su casa tan florido y tan bello campo donde moverse; puesto que tiene á su cargo la noble tarea de hacer la dicha de los suyos; puesto que le es dado pensar y sentir, ¿para qué necesita la libertad y para qué ha de dársele?

¿Qué puede hacer de su libertad la huérfana que ha perdido á los autores de sus dias?

¿Adónde irá sola? ¿Podrá viajar? ¿Podrá presentarse en los salones sin una compañía respetada y respetable? ¿Podrá recibir á sus amigos? ¿Qué hará, pues, de su libertad? ¿Qué objeto tiene?

La libertad completa se llama y debe llamarse aislamiento, tratándose de la mujer, que se mueve en una esfera muy limitada, esfera de sentimiento y no de pasiones é intereses materiales.

La que pierde á un marido á quien amaba, ni estima su libertad ni hace tampoco uso de ella. ¿Qué hay comparable al lazo de flores de una union feliz? ¿Qué hay en el mundo más bello que las dulces alegrías de una union legítima, bendecida de Dios, aprobada por los hombres, sancionada por todas las leyes morales, indisoluble por las armonías del alma y por las afinidades del espíritu? Y cuando todo esto se ha perdido, ¿hay acaso fuerza en el alma para tratar de buscarlo de nuevo? ¿Hay probabilidades de hallarlo, aunque se busque? ¿Qué es la libertad, cuando se ha perdido aquel bien inapreciable, que es tan raro en la vida, y por lo mismo tan precioso? Las vulgares coqueterías y los afectos vulgares, ¿podrán llenar aquel vacío?

IV.

Áun la mujer que ha quedado libre por la muerte de un marido que valia poco, queda más oprimida con su libertad que ántes se hallaba con su esclavitud, porque en el mismo sufrimiento, llevado con resignacion, hay siempre consuelo, como compensacion otorgada por el cielo al deber cumplido; la vida sin deberes es una vida estéril, triste, más triste que la que tiene rudas obligaciones que llenar.

Es preferible vivir en el dolor á vegetar sin emociones y sin afectos; es preferible sufrir á no sentir nada.

Las palabras deber y sacrificio son incomprensibles para las almas débiles y los espíritus viciados; mas para las organizaciones escogidas y nobles están llenas de encanto, y en el cumplimiento del deber, en la abnegacion del sacrificio, hallan sublimes compensaciones.