--Así pasaré ya el resto de mi vida.
Dos dias despues, y á la caida de una bella tarde de otoño, oyó los ecos de una música militar. Era el regimiento de Mauricio que salia de la ciudad, segun él mismo habia dicho.
Dolores sintió que alguna cosa se rompia en el fondo de su corazon. Levantóse, y se fué á arrodillar delante del lecho de su madre, que se habia acostado ya.
--¡Madre mia! exclamó la desgraciada: ¿es verdad que me amas? ¿Es verdad que te soy necesaria? ¡Dímelo, por Dios!
--Déjame dormir, respondió ásperamente la anciana, volviéndose del lado de la pared.
Dolores alzó al cielo sus ojos: nadie en la tierra agradecia su inmenso sacrificio... la música se fué perdiendo lentamente á lo largo, y se apagó al fin en el vacío...
Algunos años despues murieron los padres de Dolores; el anciano siguió de cerca á su esposa; la pobre huérfana quedó sola sobre la tierra.
IV.
Un dia recibió esta carta:
«Dolores: Usted que es una santa, ruegue por mí; el recuerdo más dulce de mi vida se dirige á V.; he sido muy desgraciado, pues he perdido á mi esposa, á mis hijos, y estaba solo en el mundo; buscando el amor, he caido en el libertinaje, y en un duelo he sido herido de muerte... ¡mi último suspiro es de V., y se lo envio como mi postrer adios!