Sus antiguos recuerdos florecian bajo la influencia de su hija; treinta dolorosos años se borraban, y volvia con el pensamiento á su juventud, tan llena de ardimiento y de generosas aspiraciones; tenía el anciano momentos de sensibilidad ardiente, cuando pensaba en la Escocia y en sus bravos highlanders; algunas veces una animacion extraordinaria se encendia en sus ojos, cuando contaba con una energía juvenil la campaña de 1746; pero su cuerpo debilitado no pudo soportar por largo tiempo el peso de sus emociones, y un dia, despues de haber hecho su narracion acostumbrada á un viajero inglés que habia ido á visitarle, se desmayó.

Los cuidados y el respeto de su hija le habian vuelto á sí mismo; pero no pudieron volverle á la vida; espiró el 30 de Enero de 1788, aniversario del suplicio de Cárlos I, en los brazos de Carlota.

Seis meses despues esta hija tan llena de abnegacion, tan fiel, tan tarde conocida y amada, fué á reunirse con su regio padre en las bóvedas de la iglesia de Frascati.

III.

La Princesa Luisa, conocida bajo el nombre de Condesa de Albany, tuvo una existencia larga y brillante; fué amada del gran Alfieri, y éste la llamaba su Musa; Sismondi fué uno de sus más constantes admiradores; Mme. de Staël, cuando la escribia, la llamaba su querida soberana; Lamartine adoraba la gracia y suavidad de su talento; en Florencia, en París, tuvo una córte de admiradores, que los años no despoblaron; en fin, vivió muy dichosa, segun los hombres, muy envidiada, muy lisonjeada, muy favorecida hasta el fin, por la fortuna y por la naturaleza; pero su historiador, Mr. Saint René de Taillandier, consigna que no pudo ver sin amargura á su esposo, á aquel Príncipe tan heróico á los veinte y cinco años, y degradado despues por un largo infortunio, levantarse ya cerca de su fin, por una tierna y generosa influencia, que no era la suya.

Luisa vió con dolor á la hija llenar con una piadosa abnegacion la tarea que pertenecia á la esposa; y la Duquesa Carlota, levantando el alma fatigada y abatida de Cárlos Estuardo, humilló á la Princesa Luisa.

La dulce figura de Carlota Estuardo nos ha parecido digna de ser puesta ante los ojos de nuestras lectoras; esta Antígona cristiana, consoladora de un Príncipe desgraciado, merece nuestro más tierno recuerdo.

Como última prueba de amor al padre que durante tanto tiempo la habia olvidado, la Duquesa de Albany le siguió á la tumba, no pudiendo ya vivir sin afectos en la tierra, despues de haber sentido el más puro y tierno de todos; parece como que su mision fué la de atesorar en su retiro las bellas flores de la religion y de la piedad cristianas, y trasmitirlas á su padre, para que se durmiese dulcemente en el sueño de que no se despierta jamas; cumplida aquella sagrada tarea, Dios la llamó para darla á su lado el premio que reserva á los buenos y amantes hijos.

LA HIJA.