ARTÍCULO SEXTO.
I.
Terminemos este ligero estudio del tipo encantador que llamamos la hija con algunas consideraciones generales, y despues con otro nuevo y elocuente ejemplo.
Nada hay más simpático en la sociedad que una jóven que tiene con sus padres todo género de atenciones, que les manifiesta un tierno cariño y una profunda consideracion.
Nadie puede amar ni estimar á la que demuestra á sus padres despego, y más de un tierno y entusiasta amor se ha apagado ante una respuesta dura, dada por una hija á su madre.
--¿Cuándo se casa V.? preguntábamos hace poco á á un amigo nuestro.
--No lo sé, respondió con tono triste y contrariado.
--¡No lo sabe V.! ¿Pues no iba á hacerse la boda?
--He desistido de ella.
--¿Por qué?