--¿No ama V. á nadie?
--Ya he dicho á V. que amé; amé con fe, con entusiasmo, con pasion, y fuí engañado... una mujer es la que ha llevado á cabo mi destruccion moral.
--Pero todas las demas no han de ser como esa mujer.
--La creia la mejor... piense V. cómo juzgaré á las otras; algunas veces he deseado volver á querer, y siempre me he hecho esta pregunta:
--¿Para qué?
--¡Fatal pregunta!
--Á la que contestan siempre la lógica y la razon.
--¿Qué responden?
--Que la dicha es un sueño; que todo es mentira en la tierra, y que sólo imperan en ella el cálculo y el egoismo.
Incliné la cabeza con amargo desaliento; no asintiendo á las ideas de aquel pobre sér desengañado, sino lamentando el no poder hacer brotar una flor en el erial de su corazon, disecado por el dolor.