--¿A qué has venido?--preguntó á la mujer tomándola una mano.
--¡A verte!--respondió ella,--muchos dias he estado esperando tu acostumbrada carta: al ver que no llegaba, he temido que te hallases enfermo.
--¿No ha llegado el dinero?
--Sí, ha llegado, pero ¡ah! ¿qué importa el dinero cuando se trata de tu salud?
Al hablar así aquella mujer, fijaba en su hermano de leche una mirada llena de ternura, y cubierta de lágrimas.
--¿Y has dejado á tus hijos?--preguntó él.
--Sí.
--¿Solos?
--Solos: la mayor cuenta ya diez años.
--¿Y los has dejado por mí?