II.
Me parece que son tan agradables al padre de las misericordias un acto de perdon, la dádiva de una limosna, una lágrima dedicada al infortunio ajeno, como dos horas de rezo.
Me parece tambien que ninguna mujer se ha de condenar porque deje de oir misa algun dia, si su madre, su esposo ó sus hijos se hallan enfermos, y necesitan de sus cuidados.
Me parece asimismo, que tan bueno, por lo ménos, como irse á confesar todas las semanas, es no murmurar, hacer todos los favores que se puedan y llevar con resignacion las pruebas de la vida, que nunca le faltan ni áun al sér más dichoso y más opulento.
Yo no digo por esto que no sea muy necesario el aproximarse con frecuencia á la mesa celestial, donde el alma halla tan delicioso y nutritivo alimento; pero hay muchas mujeres que se creen buenas cristianas porque oyen misa diariamente, porque rezan cierto número fijo de oraciones y porque se confiesan con mucha frecuencia, y pasan el resto de su vida en murmurar, en penetrar las vidas ajenas y en buscar las faltas de todos.
Sólo pensarlo sería un sacrilegio.
La virtud para serlo y para hacerse amar necesita ser dulce, tolerante, benévola, y hay algunas mujeres cuyas debilidades son la más bella apología de su corazon y áun de su carácter.
He conocido, entre otras, una que fué la más coqueta, la más seductora, la más agraciada, la más simpática de las jóvenes de su edad, segun afirman personas del gran mundo que la han conocido; despertó innumerables pasiones, y más de una tuvo un desenlace fatal.
Pero el matrimonio no se hallaba bien con su carácter independiente y con su deseo de libertad: pasaron los años; sus gracias perdieron con la juventud todo su prestigio; los adoradores se retiraron, y cuando ya no era tiempo, aspiró á tener un esposo, un protector, un amigo.
No pudo alcanzar esta suprema dicha, y su carácter se volvió acre y amargo: la juventud, la hermosura llegaron á serla odiosa, porque ella no las poseia ya: censuró á los hombres y más á las mujeres: todo lo bueno, todo lo bello se le hizo profundamente antipático, y mordia y destrozaba moralmente con una saña implacable.