¡Oh, no, tiernas jovencitas, amigas mias! ¡No creais que esa es la religion de Jesus! ¡Elevad el alma y huid de esas preocupaciones de los espíritus estrechos! Disfrutad honesta y legítimamente de los bienes que Dios mismo os ha concedido; no os martiriceis ni os hagais feas, que eso no agrada al que es fuente de toda belleza y orígen de todo amor.
«¡Amaos los unos á los otros!»
Esto es lo único que ordena: es decir, sed tolerantes, benévolas, agradables; no calumnieis, no mintais y haced el bien posible.
«Dejadme á mí el cuidado de la venganza.»
Esta es otra de las órdenes de nuestro Padre celestial; es decir, perdonad, excusad y no ultajeis jamas, ni devolvais el mal con el mal, sino con el bien.
¡Mujeres católicas! ¡Cuanto más amables, más dulces, más caritativas, más benévolas y más bellas seais; cuanto más perdoneis, consoleis y hagais más grata y más hermosa la vida de los vuestros, seréis más verdaderas cristianas!
EL BRAZALETE DE ESMERALDAS.
I.
Siete años hace que pasó en Madrid, casi ignorado de todos, el terrible drama que voy á referir.