Tan extraña me parece una mujer intolerante y malévola.

¡Cuántas veces ha conquistado una amistad eterna una sola palabra indulgente!

¡Cuántas el rencor ha caido deshecho como nube de verano ante una dulce y confiada sonrisa! Hay pocas personas y pocas acciones que merezcan ser miradas con rigor y calificadas con dureza: áun en el fondo de los crímenes se ocultan casi siempre grandes y aterradoras desgracias.

Una de las reglas más seguras de la buena educacion es darse por ofendido en sociedad las ménos veces posible; el ofenderse, ademas de demostrar mal carácter, humilla al enojado; la verdadera dignidad hace imposible hasta el pensamiento de que se le falte, y quita la susceptibilidad ridícula, dejando la noble é inquebrantable fortaleza con que debe rechazarse siempre el verdadero insulto.

III.

Es imposible llevar nada en la vida con un rigor extremado, porque es imposible que los que nos rodean lleguen á la perfeccion que nosotros mismos no podemos alcanzar.

La tolerancia, la benevolencia, son necesarias no sólo con la sociedad y con nuestros amigos, sino hasta con la propia familia.

Exigir que un hombre abrumado con los cuidados de la vida sea siempre afable é indulgente, galante, cariñoso y lisonjero, es una utopia que nunca llegará á verdad, es una ilusion que jamas podrá verse realizada.

Nadie nace perfecto: el carácter tiene sus alternativas, como las tiene el corazon: como el mar tiene sus mareas, como el cielo sus nubes: toda persona que siente mucho es desigual, porque la variedad de sus impresiones se refleja en el exterior si no tiene gran dominio sobre sí misma.

La benevolencia es, pues, uno de los ejes sobre que gira la felicidad humana; cuando alguna accion desagrada, es necesario ponerse en el lugar del que nos ofendió y preguntarnos: