¿Qué hubiera yo hecho en su caso? Con su educacion y en sus circunstancias especiales, ¿hubiera hecho otro tanto?
Este exámen de sí mismo trae, á no dudarlo, la indulgencia.
Á no haber mucha benevolencia, tampoco lograrémos nunca tener amigos: es preciso tomar á las personas con sus defectos y sin la pretension de corregirlas: por el contrario, hay que excusar estos defectos por el recuerdo de las buenas cualidades: apénas habrá una persona que no sea apreciable por alguna sobresaliente y bella dote de corazon ó de carácter.
Las personas más intolerantes y más rígidas aprecian y admiran á las benévolas y corteses.
Hace poco tiempo oí yo decir á una persona que era más que intolerante, maldiciente:
--El Sr. N.... es sumamente apreciable y tiene la más distinguida educacion, porque jamas habla mal de nadie.
IV.
La murmuracion, ese vicio que tan arraigado se halla en la sociedad, y áun en los círculos más elevados y escogidos, es enemiga mortal de la benevolencia, y la que hace alarde de ella demuestra, no sólo malos sentimientos, sino tambien mala educacion.
El tocado, la figura, los modales, las costumbres de las personas á quienes tratan, ofrecen incesante pasto á la murmuracion de algunas mujeres, y no pocas veces me he preguntado yo si serán tan dichosas que la escasez de sus propios cuidados les haga pensar tanto en los ajenos.
Las que así viven, las que de eso se ocupan, deben tener un corazon muy seco, una cabeza muy vacía y una casa muy mal arreglada.