Oponiendo la paciencia á la injuria y á la sinrazon se han conseguido grandes resultados: una mujer desdeñada de su marido, sólo con la paciencia puede volver á conquistarle, porque la paciencia es la suave valla que impide romper los diques al decoro y que conserva la dignidad en el interior de la familia.

En tanto que media el respeto y la consideracion entre los esposos, no hay que temer que se derrumbe el edificio conyugal; pero la impaciencia de la mujer es lo que le hace muchas veces venirse al suelo; la impaciencia hace acudir á los labios las palabras descompuestas y duras, las injurias y los denuestos; la impaciencia acrece los defectos, y ve, como ya dije, con cristal de aumento las faltas más leves y más ligeras.

En muchas ocasiones, la paciencia equivale á un rasgo de talento, porque vale mucho más aparentar que se ignoran las faltas que impacientarse por ellas.

Mas donde la impaciencia causa un daño horrible es en la educacion de los hijos: la dignidad paternal y maternal dependen, sobre todo, de la gran calma y serenidad del ánimo: el padre, y áun más la madre, que se descompone delante de sus hijos, baja de su alto puesto, y dejándole, no puede exigir que los demas se lo conserven.

IV.

Si las mujeres no hallásemos en nuestra razon y en nuestro corazon bastantes motivos para obligarnos á tomar el partido de la dulzura y de la complacencia, deberíamos pedirlas á la habilidad: ésta nos enseñaria, en efecto, que la violencia puede imponer ciertos sacrificios, pero que el que los lleva á cabo se sustrae más pronto ó más tarde á esta dura dominacion: la habilidad en defecto de la bondad nos impone la paciencia y el disimulo de las contrariedades, y en las personas que saben discurrir, la habilidad inspira concesiones equivalentes á las que impone la abnegacion.

¡Qué grandes cosas ha producido la santa, la modesta paciencia! ¡Cuántas gloriosas empresas ha deshecho la falta de aquélla! Aun en las cosas más triviales de la vida vemos muchas veces que la impaciencia es un daño muy grave.

--Este vestido no ha quedado bien, porque no he tenido paciencia para terminarle, dice una jóven avergonzada del mal efecto de su traje entre otros bien concluidos.

--Tenía tal impaciencia al ver que no venía mi modista, que no he querido salir, y he pasado una tarde aburridísima, añade otra.

--Es tanto lo que me impacientan mis criados, que estoy siempre mala, y ademas, los cambio todos los dias, oí decir hace poco tiempo á una señora.