--No lo niego,--respondió sonriendo el aludido,--me agrada esa jóven, y si eso es delito, todas estas señoras me excusarán, estoy seguro de ello.
--¿Nosotras?--gritó airado el coro femenino.
--Sin duda: y si no, veamos: en la parte bella de esta reducida reunion, algunas han dicho que les agradaba Luisa y otras que no les gusta: ¿no es cierto?
--Sí: ¿pero qué tiene eso que ver?...
--¡Paciencia! ¿Hay aquí una sola que haya dicho que Luisa es fea ó desagradable?
--No la creemos ninguna de las dos cosas.
--¿Hay alguna que haya encontrado de mal gusto su modo de vestir, ó faltas de elegancia sus maneras?
--¡Oh, no! dijo la esposa del que hablaba, yo soy justa: he visto muy pocas personas de modales más distinguidos.
--Ni de más variada y dulce conversacion.
--Ni de una sencillez más elegante en el vestir.