dichos. el caballero, que entra mugiendo como antes
Caballero.—¡Berr! ¡Esto no se puede aguantar!
Francisco.—¡El de antes!
Caballero.—¿Hay alguien dentro? 25
Francisco.—Nadie, pase usted. (Entra el Caballero
en el gabinete y resueltamente se sienta en el sillón. Francisco
á don Atilano.) Ande usted con él.
Atilano.—¡De ninguna manera!
Francisco.—Pues yo no pierdo esto. (Se pone el batín.)
Atilano.—¡Allá tú! 5
Francisco.—Al momento acabo. (Entra en el gabinete.
El Caballero sigue quejándose. Francisco le mira
la boca: figura preguntarle qué muela le duele, busca el
instrumento, etc. Todo esto mientras se dice el diálogo
siguiente.) 10
ESCENA ÚLTIMA
dichos, una Señora y un Caballero. Luego dos Caballeros. Luego Otro, y después dos Señoras que van sentándose como para esperar turno.
Atilano (Mirando á los que entran).—¡Más víctimas!
Lelis.—Don Atilano, ya comprenderá usted que mis
intenciones...
Atilano.—Ya hablaremos de eso. ¿Cómo se llama
usted? 15
Lelis.—Camilo de Lelis; pero todos me llaman Lelis.
Atilano.—Hacen bien. (Asustado al ver la gente
que entra.) ¡Dios mío! ¡Los innumerables mártires de
Zaragoza! (Francisco da un tirón al Caballero, que da un
grito. Ha de verse que no le ha sacado la muela, Francisco 20
retrocede asustado con el «forceps» en alto y el Caballero
queda en actitud amenazadora hasta que baja el telón.)
¡Jesús! (Á Inocencia y Lelis.)
Vámonos ya, basta de horrores.
(Al público.) 25
Perdonad al autor y á los actores.