ESCENA IX
felipe, después doña paula
Felipe.—Después que me hacen escribir pretextando
un fuerte dolor de muelas y rogándoles que busquen 20
otro que toque el piano... salimos con que van ellas.
No; pues conmigo no se juega.
Paula.—¡Hola! Pronto ha dado usted la vuelta.
Felipe.—¡Claro! Como que por lo visto no había
necesidad de la salida. 25
Paula.—¡Ah! ¿Sabe usted ya que vamos al baile?
Felipe.—Sí; ahora que he escrito á esos señores
que un fuerte dolor de muelas me impedía ir á tocar
el piano.
Paula.—¿Qué, usted toca el piano con las muelas,
por ventura?
Felipe.—No, señora; pero toco cielo con las 5
manos cuando me pasan estas cosas.
Paula.—¿Es fuerte el dolor, eh? Arránquesela
usted si está picada.
Felipe.—Quien está picado soy yo.
Paula.—¿Sí? Pues enjuáguese usted. 10
Felipe.—Si no me duele nada.
Paula.—¿En qué quedamos?
Felipe.—Ha sido el pretexto para no ir.
Paula.—Entonces, yendo, ya no necesita usted
pretexto. 15
Felipe.—¿Después que me he quitado el frac y el
pantalón negro?
Paula.—Se lo vuelve usted á poner.
Felipe.—Eso es.
Paula.—¡Ah! Y á propósito: ¿ha visto usted á 20
Juan?
Felipe.—Salió ahora.
Paula.—Me alegro. (Le voy á sorprender cuando
vuelva. ¿Qué me cuesta darle gusto una vez? Le voy
á cortar el pantalón negro. Él dijo que unos cuatro 25
dedos... le cortaré cinco. Puesto que hay tiempo...
¡Ah! Éste debe ser, sí. En mi cuarto tengo tijeras.)
(Coge el pantalón.)
Felipe.—Pero ¿van ustedes al baile, eh?
Paula.—Sí, hombre; vaya usted á vestirse, vaya 30
usted. (Vase por la segunda izquierda.)
Felipe.—¡Caramba, Carambita! ¡Nada! Me zarandean
como les da la gana. ¡Y todavía dice don Juan
que podíamos partirnos á la suegra!... ¡Ya lo creo que
debíamos partirla! Pero por la mitad, y arrojar los
pedazos para que no pudieran aprovecharse... Porque, 5
vamos á ver. ¿Qué hago yo con esta carta, (Sacando una
del bolsillo.) que le he escrito á la de González, excusándome?
Afortunadamente no la he cerrado, ni se la he
mandado todavía; pero... ¡ah!... ¡qué idea! La
pongo una postdata, diciéndole que después de escrita 10
esta carta me encuentro bien, y por tanto, que no haga
caso de lo que la digo en ella... eso es. Ya que está
escrita, no me voy á quedar con la carta en el bolsillo.
¡Ay! ¡En qué lío tan gordo te has metido, Felipe! ¡Soy
lo más lila!... ¡Hasta don Juan ha conocido que se me 15
caen los pantalones, y no me he atrevido á devolvérselos
al sastre! ¡Ay! ¡Qué carácter tenemos algunos hombres!
¡Caracoles!... ¡Caracolitos!... (Sale por el
fondo.)
ESCENA X
carmen, vestida algo ridícula, sale y se mira al espejo. luego pepa
Carmen.—El espejo de mi cuarto es muy pequeño y 20
no me he podido hacer cargo de mi vestido. Vamos; no
está mal del todo... Pero si dan otro baile es preciso
que me haga uno nuevo... ¡nuevo!... ¿Cuándo será
algo mi marido? ¿Cuándo ascenderá al menos?
Pepa (Con el pantalón negro de Juan en la mano).—¡Anda,25
anda!... ¡Y qué maja se ha puesto usted!...
Carmen.—¿Qué te parece, Pepa, estoy bien?
Pepa.—Mejor que la sobrina del médico de mi
pueblo, cuando salía en la procesión del Jueves Santo.
Carmen.—No me satisface mucho el elogio; pero, en
fin... 5
Pepa.—¡Pues si es la más rica de Alcobendas!
Carmen.—¡Ah! Entonces... ¿Qué llevas ahí?
Pepa.—El pantalón del señor, que me lo ha dado su
mamá de usted para que lo lleve al cuarto.
Carmen.—¡Ah! ¿Lo has cortado tú? 10
Pepa.—¿Yo?... Yo no lo he tocado.
Carmen.—¡Pobre Juan! Voy á darle gusto siquiera
una vez; ¿qué me cuesta? Dame ese pantalón. Se lo
cortaré para que pueda ir al baile. (Vase por la primera
izquierda.) 15
ESCENA XI
pepa y luisa también vestida para la reunión
Pepa.—¡Digo! ¡Quién fuera señora para poder
llevar todos esos perifollos! (Viendo á Luisa.) ¡Anda!
¿También usted está compuesta?
Luisa.—¿Qué te parezco? ¿Me encuentras bien?
Pepa.—¡Ya lo creo! Parece usted Santa Fislomena, 20
la de la iglesia de mi pueblo.
Luisa.—¡Qué ocurrencia!
Pepa.—Que sí señora; que está usted pintiparada.
Luisa.—¿Cómo? ¿Pintada? ¿Se conoce mucho el
colorete? 25
Pepa.—¿El clorete?
Luisa.—¿Se ve mucho?
Pepa.—Pero ¿aonde tiene usted eso?
Luisa.—¡Aquí, en la cara, mujer!
Pepa.—¡Ah! Ahí no se conoce nada. Parece una
rosa.
Luisa.—¡Qué susto me has dado! 5
Pepa.—Yo quisiera vestirme así.
Luisa.—¡Buena estarías! ¿Has visto al señorito
Felipe?
Pepa.—Sí; volvió hace poco; pero se fué otra vez.
Luisa.—¡Ah! ¿Hablaría con mi madre, eh? 10
Pepa.—Creo que sí. Voy... (Contestando á la voz
de Carmen, que llama á Pepa.) Que sí, que está usted
muy guapa, vamos. (Sale primera izquierda.)