luisa, después pepa
Luisa.—Si no fuera por el pobre Felipe, esta noche
era ocasión de coquetear un poco con el teniente y darle 15
una lección. Pero Felipe es de los que se casan, y el
otro es un trucha.
Pepa.—Bueno; en su cuarto, ya sé.
Luisa.—¿Dónde vas?
Pepa.—Á dejar el pantalón negro del señor en su 20
cuarto.
Luisa.—¡Ah! (¡Qué trabajo me cuesta darle
gusto!) Yo lo llevaré. Allí habrá tijeras. (Vase
por el foro.)
Pepa.—¡Oh! Todas se llevan el pantalón. Por eso 25
dice el señor que aquí todos llevan pantalones menos él.
¡Y yo que no sabía por qué lo decía!
ESCENA XIII
pepa y juan trayendo varios paquetes
Juan.—Cuarenta y ocho reales de gasto un hombre
que no tiene más que treinta diarios. ¡Por vida de los
bailes!
Pepa.—Señor, ¡si viera usted qué guapas están las
señoritas! 5
Juan.—¿Sí, eh? Pues si vieras cómo estoy yo...
Pepa.—¿Qué? ¿También se va usted á poner disclotao
como la señorita?
Juan.—Sí, me voy á poner en guardia contra todos
estos despilfarros. 10
Pepa.—¿Qué traje es ése?
Juan.—Bueno; anda á fregar, hija mía, anda á
fregar.
Pepa.—¿Está usted mal humorado?
Juan.—No, cuestión de carácter. 15
Pepa.—¡Pues si es usted más bueno que el pan!
Juan.—¿Que el pan bueno, eh? Sí, desgraciadamente.
¿Has visto tú mi pantalón negro?
Pepa.—Sí; la señorita Luisa lo llevaba ahora á su
cuarto de usted. 20
Juan.—Bueno; pues entrégales todo esto á las señoras
cuando salgan, y di que estoy vistiéndome. ¿Hay
luz en mi cuarto?
Pepa.—Las luces las tienen todas ocupadas las
señoras. 25
Juan.—Bueno; me vestiré á obscuras, ¿qué remedio?
¡Ay! ¡Dichoso bailecito!
ESCENA XIV
pepa, doña paula y después carmen y luisa
Pepa.—No me parece que el señor tiene muchas
ganas de componerse.
Paula (Vestida con exageración).—¡Ea! Ya estoy corriente. ¿Dónde
están las niñas?
Pepa.—Por ahí drentro. 5
Paula (Mirándose al espejo).—Me parece que voy á
dar golpe esta noche. Diles que salgan. ¡Ah! Ven,
clávame un alfiler aquí detrás.
Pepa.—¿Detrás?
Paula.—En la falda, mujer. Espera... ¿Tienes 10
las manos limpias?
Pepa.—Me parece que sí.
Paula.—Lo dudo.
Pepa.—Sí, señora; me las lavé el domingo para salir
á paseo. 15
Paula.—Bueno; ya está bien.
Carmen (Saliendo con el abrigo puesto).—Cuando
quieras.
Paula.—¿Está ya tu marido?
Carmen.—Debe estar. 20
Paula.—Pues venga el abrigo y en marcha. (Se
pone el abrigo.)
Luisa.—¡Ah! ¿Ya están ustedes?
Paula.—Sí, anda, arréglate.
Luisa.—Volvió Felipe y le dijo usted que íbamos al 25
baile, ¿eh?
Paula.—Naturalmente.
Luisa.—¡Pobre chico! Se habrá incomodado
de nuestra informalidad.
Paula.—¿Incomodado? ¡Vamos, cuando yo digo
que sois vosotras las que estropeáis á los hombres!
Luisa.—Pero como le dijimos que nos dolía la 5
cabeza...
Paula.—¡Claro! Y ya no nos duele.
Carmen.—Pepa, tírame un poco del vestido. (Pepa
lo hace.)
Paula.—Lo que tú has de hacer es poner buena cara 10
al teniente esta noche y no dormirte en las pajas.
Luisa (Mirándose los guantes).—¡Ay!... ¡Por
vida!...
Carmen.—¿Qué pasa?
Luisa.—Que tu marido es un torpe. Le digo que 15
sean de catorce botones, y no tienen más que doce.
Paula.—Es un imbécil, hay que confesarlo.
Carmen.—¡Bah! Lo mismo da.
Luisa.—Eso es; como no te los has de poner tú...
Paula.—Lo ha hecho por fastidiar. 20
Luisa.—Después que acabo de cortarle el pantalón
para que no vaya ridículo.
Carmen.—¡Cómo! ¿Se lo has cortado más?
Luisa.—No; cuatro dedos sólo, lo que él me dijo.
Paula.—¡Adiós! ¿Á que el muy animal nos lo ha 25
encargado á las tres?
ESCENA XV
dichos, juan vestido de frac y con los pantalones negros cortos hasta la rodilla.